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Manténte al tanto

Aplicando el principio de Filipenses 4:8...

  • 15 ago 2017
  • 4 Min. de lectura

Me ha pasado. Como mujeres nos encanta platicar. No importa nuestra personalidad, (introvertida, extrovertida) platicar nos encanta, sobre todo cuando es con nuestras amigas. Sin embargo hay un pasaje que el Señor ha traído a mi mente durante estos últimos días. En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente. Proverbios 10:19 Creo que ya sabes a que me refiero. El chisme. Y es que es algo de lo que debemos estar conscientes a cada minuto. Pero tal vez estarás pensando: a ver para empezar define chisme. Buscando la definición de esta palabra encontré varias definiciones: 1. Noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna. 2. Conversación sobre la vida privada de otras personas que puede ser no amable, que no es verdad, y que desaprueba a otros.

En pocas palabras, el chisme es hablar sobre la vida privada de otros con el fin de dañar la reputación de otra persona. En términos prácticos la forma en que dices las cosas, cómo lo dices, en que momento, y a quién. Y es que es por este pecado que muchas jóvenes se ven afectadas. Porque tristemente muchas veces el chisme no queda ahí. Me ha tocado ver que por un comentario que hacen respecto a una persona, las demás jóvenes comienzan a apartar a esa persona e incluso a verla de diferente forma. Es sorprendente como en vez de analizar la información que recibimos inmediatamente nuestra mente toma cartas en el asunto. “El que carece de entendimiento menosprecia a su prójimo; Mas el hombre prudente calla.” Proverbios 11:12 Cuando tomamos esta actitud tanto de alentar para que el chisme continúe, o nosotras mismas empezamos el chisme, es menospreciar a nuestro prójimo y la Biblia enseña que no tenemos entendimiento. Ahora bien podremos decir: ¡Es que cuéntame más para orar! La primera vez que escuché esta frase la escuché de una joven que lo decía en broma. Pero algunas personas aunque no lo digan literal esa es su justificación para que el chisme continúe. La triste realidad es que en muchas ocasiones aunque nos expliquen todo ni así oramos al respecto. ¿Pero como puedo evitar el chisme? “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” Prov. 4:8 Cuando una de mis maestras que habló del tema en aquella ocasión mencionó este versículo, yo me pregunté: ¿Qué tiene que ver esto con el chisme? Y después me di cuenta: TODO Cuando alguien nos dice algo que concierne a otra persona, nuestra tendencia es creerlo y no dar el beneficio de la duda. Pensamos lo peor de esa persona. Sin embargo eso no es lo que dice la Palabra. La Palabra dice: Todo lo que verdadero,todo lo honesto, todo lo puro, todo lo justo, todo lo amable, lo que de buen nombre….En esto pensad. Recibiendo la ofensa y respondiendo de una forma que honre a Cristo ¿Pero y si es de mí de quien es el chisme? ¿Como debo responder? Entiendo perfectamente que no es fácil recibir la ofensa. He estado ahí, y viene desánimo, tristeza e incluso ganas de “hacer justicia”. Sin embrago hay que recordar que debemos ser cada día más como Cristo, y este tipo de situaciones también son para ello. Es una oportunidad de reflejar a Cristo en nuestras vidas. En una ocasión estaba jugando con una pequeña de tres años. Ella es una niña muy alegre, expresiva, y muy pl

aticadora. Recuerdo que en una ocasión ella tenía su juguete y otro niño vino y se lo quitó. Inmediatamente su reacción fue comenzar a gritarle con ira. Tranquilamente le dije: No grites. No es correcto. Ella me respondió: “¡Pero es que el tiene mi juguete!” Le dije: "Lo sé. Pero sabemos que tomar cosas que no son tuyas es pecado ¿verdad?" Ella me dijo: Sí. Le dije: “Bueno, si el ya ha pecado, tú no compartas su pecado enojándote también, porque entonces tu también estarías desagradando a Dios.” Al oír esto, ella se quedó sorprendida y con voz amable le pidió al niño su juguete. Esta historia me hace ver que aunque es verdad que cuando nuestros “derechos” son violados, al parecer tenemos toda la libertad de reclamarlos. Cuando nos ofenden pensamos: “¡no es justo!”. Sin embargo si reaccionamos de una forma equivocada, estaremos compartiendo su pecado. Deja que el pecado sea de uno y no de dos. Y recuerda que debemos pensar todo lo bueno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable de esa persona. Responde de una forma que honre a Cristo. En términos prácticos:

Pregúntate esto: ¿Es la persona, a quien le estás hablando parte del problema o parte de la solución? Si no es parte del problema y tampoco parte de la solución, entonces es probable que sea algo que no debas estar diciendo.

Si la persona a quién lo dices, no es parte del problema ni de la solución, no le digas.

Piensa antes de hablar. No “escupas tus palabras.” Pásalas por tu cerebro.

Si alguien te dice palabras no amables respecto a alguien, cambia la conversación. No seas parte del pecado. Si la persona de quién hablas estuviera presente mientras lo haces,¿aún lo dirías?

Si se diría eso de ti, ¿te gustaría que lo anduvieran diciendo? ¿estuviste ahí presente cuando sucedieron las cosas? Si estuviste ahí, ¿crees que es necesario hablar de ello con los demás? ¿Oras respecto a eso que tú sabes de tu hermana (o) más de lo que hablas al respecto?

Entiendo que no es fácil. Aún yo misma estoy en este proceso, pero gracias a Dios que en Él hay perdón, y gracia para continuar. Ahora entiendo porque dice Proverbios: La casa y las riquezas son herencia de los padres; Mas de Jehová la mujer prudente. Proverbios 19:14 ¿Qué hay de ti? Es hora de analizar nuestras conversaciones y actitudes de tal forma que estas se alineen a la Palabra de Dios y por consecuencia a Su voluntad.


 
 
 

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