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La cruz de Cristo: el punto crucial de nuestras vidas

  • 2 ago 2017
  • 4 Min. de lectura

Lo hemos escuchado en muchas ocasiones. En la Iglesia, en la escuela, en la familia, en cualquier ámbito, todo gira alrededor de un punto “crucial” en nuestras vidas: El matrimonio.

Incluso se ha espiritualizado diciendo que la mujer fue creada para ser “ayuda idónea”, así que el propósito de la mujer por consecuencia debe ser el matrimonio ¿no es así? En algunos casos incluso la mujer no estudia una carrera profesional ya que si se casará nunca llegará a “utilizarla”. Pero me parece que estamos perdiendo de vista el enfoque que Dios dejó en su Palabra para el ser humano y para la mujer como tal.

Dios dejó un propósito para la mujer en Su Palabra. Y sí, es el de ser ayuda idónea. Aunque no como muchas de nosotras pensamos, que solo puede ser ayuda en el círculo y contexto del matrimonio. Esto ha causado que a aquellas mujeres que aún no se han casado, el mismo círculo de creyentes ejerzan una presión sin igual, junto con la sociedad. No estoy en contra de la familia. Al contrario creo firmemente que Dios ha diseñado la familia, y que para algunas mujeres este es el Plan de Dios para ellas. Sin embargo no lo es para todas. No queramos compararnos con otras jóvenes que se casan, y pensar que Dios tiene el mismo plan para nosotras. Recordemos que Dios tiene un plan particular para cada una de nosotras, aunque el propósito para todas es el mismo: Glorificar a Dios. Este es el propósito de toda persona que ha nacido de nuevo. Ef. 1:11-12. Sin embargo Dios también dejo un propósito específico para la mujer, y aunque creo que el ser humano ha querido borrar estos roles que fueron creados por diseño Divino, siguen estando vigentes, por la Palabra de Dios nunca cambia.

Pero para explicar esto con más claridad, vayamos a un texto clave. A la historia de cuando el hombre y la mujer fueron creados. Primero “Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente.” Génesis 2:7 Poco después, “Dios dijo:No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” Génesis 2:18. Así que Dios creó a la mujer del hombre. En 1 de Corintios 11:7-9 el pasaje habla de que el hombre no es sin la mujer, ni la mujer sin el hombre. El plan de Dios desde el principio fue que el hombre y la mujer trabajaran juntos para reflejar la imagen de Dios.

Ahora bien, Dios no creó a la mujer sólo porque Adán estaba sólo y no tenía con quién caminar durante los atardeceres. Dios creó a Eva porque: No se halló ayuda idónea para él. Gen 2:20. Cuando Dios creó al hombre, también le dio una misión. Fructificad y multiplicaos, llenad la tierra y sojuzgadla. Gen 1:28. Era tener dominio sobre todo lo que Dios había creado, atender el jardín, construir naciones, explorar lo desconocido, administrar su Creación, y traer sus tesoros. Labrar la tierra, explotar minas, con todos sus minerales, oro, plata , piedras preciosas, aprender sobre las plantas y su uso medicinal. Dios sabía que la misión no era fácil para realizarlo solo, así que creo a su “ayuda idónea”.

¿Pero qué significa esto para la mujer? Ahora bien, hagamos un alto y aclaremos que la mujer fue creada para adorar y servir a Dios por encima del hombre. Su existencia debe estar basada en Dios, no en el hombre. Sin embargo en ese servicio a Dios involucra trabajar con el hombre. Así que su rol es de apoyar al hombre, en vez de (ser líder o competir con el hombre). Este rol puede incluir ser científicos, maestras, ingenieras, médicos, escritoras, abogadas, economistas, entre muchas otras. Pero siempre teniendo en mente que n estamos para competir con el hombre sino colaborar con él.

Ahora vayamos a la Palabra y veamos los ejemplos de la mujeres que aparecen el ella. Vemos que el hombre es el líder (para bien o para mal) y la mujer apoya, sigue y es colaboradora. (para bien o para mal) Aun las que no se casaron tomaron su rol de ayuda en cualquier situación en la que involucraran hombres. Rebeca, Miriam, Rahab, Jael, Débora, la viuda de Sarepta, Marta y María, Lidia, María, Priscila, Febe, Evodia y Sintique.

Ahora vemos el rol de estas mujeres en su relación con los hombres. Ser ayuda. Nuestra responsabilidad como mujeres que hemos creído en Cristo, es ayudar a nuestros hermanos en Cristo a que se enfoquen en la meta más alta: Ser como Cristo. No necesariamente en el círculo del matrimonio la mujer puede ser ayuda idónea. No significa que hasta que la mujer se case, es cuando realmente empieza su “vida real”. No. La vida real es aquí y ahora. Si realmente hemos creído en Cristo, el punto crucial de nuestras vidas no es el matrimonio. Es la cruz de Cristo, y su sacrificio por nosotros. Es vivir una vida santa, y que estemos viviendo para Él. Que tu carrera, tu trabajo, tu situación civil, (soltera o casada) sea para glorificar a Dios, y en beneficio de Su reino. El tener una carrera es para utilizarla para Su servicio, glorificarle. No es para probar que podemos competir con los hombres, no para enorgullecernos por nuestros éxitos. Mi deseo es que podamos mantener en enfoque el sacrificio de Cristo y su relación con nosotras, así como no perder de vista que fuimos creados para Gloria de Dios y no de nosotras mismas.


 
 
 

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